🪄 El acto de magia con el espejo mejor guardado

 .Si considero que mi realidad la estoy creando a cada segundo de mi vida, entonces todo lo que veo en el otro es, en el fondo, algo que yo proyecto desde mi ser.
Muchas filosofĂas y tĂ©cnicas de salud alternativas —e incluso la fĂsica cuántica— coinciden en algo: no vemos el mundo como es, sino como somos. Vemos lo que conocemos. Lo que vibramos. Lo que ya habita en nosotros.
Y claro… cuando veo algo “malo” en el mundo, y más aún cuando lo veo en mi entorno cercano, aceptar que eso tiene que ver conmigo no es nada fácil. Porque no lo estoy viendo desde la nada, lo estoy viendo desde mis creencias, desde mi postura, desde mi historia.
En mi caso, cada dĂa me conecto más con mi sensibilidad. Y sĂ, me siento orgullosa de notar cosas que quizá otros no perciben con facilidad.
Peeero —y aquĂ viene la parte incĂłmoda— esos “defectos de los otros” que noto gracias a mi sensibilidad desarrollada, me hablan de mĂ. Y ahĂ no hay excusas.
Mi entrenamiento para percibir las energĂas de mi alrededor no es para señalar errores ajenos, sino para verme en este enorme espejo que es mi realidad.
Hoy estoy viviendo una gran oportunidad: permitir que mis heridas emocionales profundas se muestren tal como son, reflejadas en personas que me hieren, me abandonan a mi suerte o simplemente no me ven.
Y algo que quiero recordarme —y recordarte— es esto:
si alguien me traiciona, es porque primero me he abandonado yo.
Si alguien me hiere o no me ve, es porque, en algĂşn nivel, eso es lo que estoy haciendo conmigo misma.
Tal vez no lo creo de forma literal… o tal vez sĂ.
Pero mi vibración —ese sentimiento que lo origina— está atrayendo más de lo mismo que ya existe en mi relación conmigo.
El acto de magia más poderoso que hoy quiero compartir, para ti y para mĂ, es este:
dejemos de mirar solo al espejo externo y preguntemos qué estamos haciendo con nosotros mismos.
Curar las heridas es como hacen muchos animales: lamiéndolas. Literalmente. Es decir, siendo nosotros quienes damos el cuidado, la atención y la presencia que esa herida merece.
Mi herida de abandono seguirá creciendo mientras yo siga dejándome para el final.
Mi herida de no ser vista seguirá ahà hasta que yo misma me mire, me guste tal como soy y me dé todo el apapacho que tengo disponible.
Y asĂ con cada herida que seas capaz de reconocer.
Este evento —que casi me convierte en la vecina chismosa de mi propia telenovela— comenzĂł cuando quise representar con imágenes lo que los otros debĂan hacer. Pero al intentar compartirlo, me enfrentĂ© al espejo: para exigir coherencia afuera, debĂa comprometerme a vivirla adentro.
Puedo congratularme de algo: logro ser autocrĂtica.
Eso sĂ, necesito tener ese espejo a la mano… y un chocolate caliente cerca, para que duela menos y no se me vaya tanta energĂa resistiĂ©ndolo.
La verdad es que llegué hasta aquà después de nombrar mis verdaderos miedos.
Y nombrarlos, aunque duela, también libera.