La mente logica y la permanencia de mi realidad

by | Feb 26, 2026 | MAGIA BLANCA | 0 comments

Los iniciadores de la física cuántica ya lo decían:

todo es partícula y onda al mismo tiempo.

Cada vez que decido, desde mi mente lógica —esa que cree saberlo todo—
que algo es así porque ya lo investigué,
porque la ciencia formal lo comprueba,
porque “ya entendí”…

estoy colapsando todas las infinitas posibilidades
que no soy capaz de ver
por mi propia miopía mental.

Es como si la parte más reducida de mí,
esa identidad aprendida que se siente muy lógica y muy racional,
fuera un ratón asomándose por un agujero en la pared.

Desde esa rendija me mira.

Y lo que ve es mi reflejo.

Algo gigantesco.
Fuerte.
Desproporcionado.

Pero como lo observa desde un hueco tan pequeño,
cree que soy lenta.
Torpe.
Descoordinada.

Porque no entiende la escala.
No entiende el tamaño real de lo que está viendo.
Solo ve fragmentos.

Y entonces me juzga.

Ese ratón piensa:
“Si fueras tan grande como aparentas, ya habrías logrado más.”
“Si realmente fueras poderosa, ya habrías conseguido todo.”

Y ahí está el espejo verdadero.

Porque eso mismo hago yo con mi ser más amplio.
Con mi ser universal.
Con esa parte de mí que sabe más de lo que mi mente alcanza.

Yo, desde esta mente reducida,
me veo como alguien que no logra lo suficiente.
Como alguien que debería haber llegado más lejos.
Como alguien torpe frente a su propia grandeza.

Pero lo que en realidad está ocurriendo
es que estoy mirando mi magnitud
desde un agujero demasiado pequeño.

Estoy viviendo esta experiencia acotada
en un cuerpo con características específicas
para jugar este juego,

con fecha de caducidad
y bordes que oprimen mi grandeza.

Leer a Gary Douglas es una cachetada bien puesta a mi realidad.
Me dice:

deja de hacerte la sabia.
deja de hacerte la sabelotodo.

Porque manejar la vida como si fuera un concurso
es el camino equivocado.

Sí.
Manejo la vida como si estuviera tratando de ganarme un auto.

Como si la existencia fuera una lotería
donde tengo que contestar correctamente todas las preguntas
para que al final me entreguen las llaves
de la casa,
del coche,
de la felicidad.

Pero crear realidad no funciona así.

Cada vez que digo “esto ES así”
o “ya lo logré”
o “ya llegué”

cierro la puerta.

Congelo la energía.

Solidifico algo
que estaba diseñado para moverse.

Y luego me quejo de que tengo que empezar desde cero otra vez,
cuando fui yo la que convirtió en piedra
lo que era fluido.

La permanencia rígida no es estabilidad.
Es miedo disfrazado de certeza.

Y quizá crear de verdad
no es acertar la respuesta correcta,
ni ganar el concurso,
ni llegar primero.

Quizá crear
es dejar de afirmar tanto
y empezar a permitir más.